El día que Brasil lloró a sus dioses

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Penoso, frustrante, impotente. Así lució Brasil en su actuación del día de hoy, que venia a demostrar que si había llegado hasta las semifinales de su Copa del Mundo, justo había sido por obra de la casualidad. Frente a la Canarinha, se paró un equipo, en toda la extensión de la palabra, que supo jugar bien, ser espectacular y contundente, y que en ningún momento fue a especularle al rival en turno. Alemania soló hizo lo que tenia que hacer, y vaya que lo hizo bien.

Pesó la ausencia de Neymar, pero también hacia falta Thiago Silva. Aunque probablemente el resultado habría sido el mismo, la verdeamarella probablemente no habría caído de forma tan estrepitosa ante su gente, su publico, su afición. Este dejó de ser SU mundial.

Belo Horizonte, el lugar elegido ahora tendrá una historia que contar a las futuras generaciones. Y marcar en el calendario que el día de 8 de junio, la religión fútbol vivió un cisma que difícilmente se podrá borrar algún día de la mente de los brasileños.

Un Brasil joven, con al menos cuatro estrellas en la plantilla llegaba mermado a la batalla que se libraría en el campo. Del otro lado, la Alemania de Low se alzaba como una escuadra ordenada, solida, sería, pero con un juego tan vistoso, tan preciso, al que solo resta que se le aplauda la muestra de como pararse ante esa aduana y ante ese publico.

Y aunque los ánimos de la afición estaban encendidos a tope, con el ídolo caído pero en plena solidaridad con el resto del equipo, antes del partido comenzaban a creer que la hazaña de eliminar a los teutones era una posibilidad. Remota, pero existente. Esa convicción solo llegaría hasta el minuto 23, cuando Miroslav Klose imponía una nueva marca en el récord de goleo de la historia de los mundiales, superando justo a un brasileño.  Después de eso, todo fue casi una práctica. La defensa brasileña poco pudo hacer para contener a la maquinaria alemana que llegaba de forma incesante. 6 minutos bastaron para poner números a la tragedia brasileña. El estadio enmudeció. y apenas terminaba el primer tiempo.

Cambios obligados en el esquema de Scolari trataban de funcionar como un paliativo, una dosis vida que tenía que mostrar el equipo brasileño. Cinco fueron los remates directos a puerta. Ninguno efectivo. la combinación de los errores de Brasil y la impecable actitud del portero Neuer soló venían a reafirmar que el milagro no llegaría y que la pesadilla aun estaba lejos de terminar. 

Dos estocadas más al marcador. Diez minutos antes del final, Brasil caía con un contundente 7-0 que los devolvía a la realidad que se había querido ocultar: Brasil no tiene equipo para ser campeón. Intereses políticos y comerciales habían hecho olvidar que este es el juego de 11 contra 11. Pero esos once tienen que jugar como equipo, como familia. Y claro, que esa familia tenga en sus representantes a los mejores hombres de su país. 

Llegaría el “de la honra” en tiempo de compensación por parte de Oscar. Pero esto no es “gol gana” como en los partidos callejeros de la cuadra.La Alemania de Low, ordenada, consciente y avasallante, respetaba al rival. Planteaba su juego como si al primer tiempo no hubieran anotado. Seguían en su papel de semifinalistas, aun cuando después del descanso ya nada los sacaría del escenario final. El papel del clima jamas fue un factor a favor de los brasileños.

Brasil, nos dueles a toda América. Ese fútbol espectacular, avasallador e imponente que era tu sello, prácticamente se borró en esta generación de futbolistas. Nos duele, porque traicionaste a tu historia, a tu sepa , a tu Joga Bonito, esa esencia que desapareció de repente. Pero Brasil,  tienes que levantarte, que esta caída sólo sea un mientras, un momento de la historia negra que te permita reconocer tus fallas y que te lleve de nuevo a la vitrina de los inmortales, de aquellos que en calidad de semidioses, habían hecho que el fútbol de América se respetara. Vuelve Brasil, porque al menos en este mundial, extrañamos ese temor que provocabas en el rival, no por tu camiseta o tu historia, sino por lo hermoso que siempre has jugado el deporte más bello del mundo.

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